Dedicado a todos los compañeros y compañeras de un viaje que no ha hecho más que empezar.
Tormentas, y rayos, y vientos en contra, y olas como muros de roca hacen zozobrar el navío en que navego y amenazan con hundirlo, para que los abisales monstruos que moran en la oscuridad desgarren mis carnes y las de mis compañeros, y yazcan en las profundidades nuestros huesos descarnados, sin vida, ni aliento, ni músculo que los mueva.
Pero nuestras manos son firmes, sujetamos las jarcias con voluntad, remendamos las velas desvencijadas, embreamos el casco y reparamos las vías de agua. No conseguirán hundirnos ni todos los dioses de los océanos levantados en nuestra contra, pues nuestra causa es justa, valerosos los corazones, e insaciable el hambre de libertad que puede olerse ya desde aquí, tras el oscuro horizonte, mientras navegamos con pulso firme rumbo a un mundo aún desconocido.
Tormentas, y rayos, y vientos en contra, y olas como muros de roca hacen zozobrar el navío en que navego y amenazan con hundirlo, para que los abisales monstruos que moran en la oscuridad desgarren mis carnes y las de mis compañeros, y yazcan en las profundidades nuestros huesos descarnados, sin vida, ni aliento, ni músculo que los mueva.
Pero nuestras manos son firmes, sujetamos las jarcias con voluntad, remendamos las velas desvencijadas, embreamos el casco y reparamos las vías de agua. No conseguirán hundirnos ni todos los dioses de los océanos levantados en nuestra contra, pues nuestra causa es justa, valerosos los corazones, e insaciable el hambre de libertad que puede olerse ya desde aquí, tras el oscuro horizonte, mientras navegamos con pulso firme rumbo a un mundo aún desconocido.

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