Cita


"Y vosotros, antaño mis amigos, alzáis ahora el puñal contra mí y os postráis como perros ante amos que sólo desean que lamáis sus botas salpicadas de vergüenza, traición y sangre vertida de vuestros hermanos y hermanas. Ofrecéis en holocausto a los vuestros, y a mí, que os di de comer, me desgarráis las carnes y las devoráis con saña, dejando sólo los huesos blanqueados al sol de vuestra ignominia para que la parca las reclame. A vosotros os maldigo, y quieran los hados que sufráis injusticia igual en vuestras casas y que la bilis de vuestra cobardía se derrame sobre los cadáveres de vuestras familias."
De las Memorias de Yasid l´Vasara I. Crónicas del Interregno, Tomo 219. 9033 A.D.


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viernes, 8 de marzo de 2013

La Mujer

Se movía por el mundo con el viento. Parecía que volaba, batiendo con furia sus alas contra el aire cortante que amenazaba con hacerla caer, en lugar de andar o correr, que era como en realidad afrontaba los días. Corriendo, siempre hacia adelante, de tal forma que a su sombra le costaba darle alcance la mayoría de las horas. 

Sus días eran siempre iguales, y sin embargo diferentes. Lidiando sin descanso con rutinas, trabajo, hijos, cuentas, recados, amigos, intimidad, anhelos, compañía a veces, soledad otras...arrancando presión de una máquina forzada hasta el límite, a la que siempre sacaba empuje incluso cuando parecía que ya no quedaba combustible por consumir. 

No sé si conseguiré comprender del todo la forma en que abordaba los momentos, encadenados uno tras otro, en una maraña tejida de absurdos, caídas, desengaños, incomprensión, rebeldía, alegrías, pasiones, lecturas, besos, soledad, cenas, teatro, viajes, despistes, ilusiones, inconformismo, llanto, risas, amor, desamor, sexo, obligaciones, insomnio, cansancio, energía sin límites, paradojas, reproches, turbulencias, sosiego...un nudo gordiano al que se enfrentaba sin espada y que, sin embargo, contra todo pronóstico, conseguía desatar cada día...para despertar por la mañana y encontrarlo anudado otra vez, enfrentándose a él, desfalleciendo a veces, pero siempre levantándose y desliándolo de nuevo a base de mordiscos, tirones, voluntad y sangre en sus manos de tanto arañar la vida.

Un día mi mirada se cruzó con sus ojos de bronce y vi en lo profundo lo que escondía su alma: otoños en el corazón, primaveras en sus caderas, risas que hacían añicos la vista de quien la miraba, golpes de ira contra la injusticia, lágrimas de frustración contra el tiempo, un alma libre atada al mundo, autosuficiencia y deseo por compartirla, lucha perenne por mejorarlo todo, una fortaleza indómita e indomable, descontento y lucha permanente consigo misma, orgullo por su identidad, una amistad a toda prueba, alegría y frustración por la vida, una sensualidad primigenia capaz de abatir montañas, una fragilidad en equilibrio inestable, el diamante de su corazón hecho añicos y recompuesto a base de voluntad pura, la flor de su cuerpo y su mente renaciendo cada primavera, la alegría del reflejo de las hojas rojas en sus pupilas temblando en las gotas de emoción que resbalaban por su piel fundidas con una suave llovizna de octubre, la infinitud del mar abrazándola como a los peces, sus pies hollando el suelo con firmeza sobre musgo, riachuelos o asfalto, las letras danzando en su mente creando sinfonías de emociones, la música transformada en anhelos, pasión, tristeza y alegría al vibrar en sus pupilas, su poder desafiando al tiempo...

Ese día afortunado en que me crucé con La Mujer, y vi mi imperfección reflejada en su mirada, cambió mi existencia, pues comprendí lo que era la vida.

  

viernes, 1 de julio de 2011

Embargo (1ª parte)

NOTIFICACIÓN

Eb Nitandol se dirigió tranquilamente hacia su casa como hacía todos los días al término de su jornada en Midelcom Love. Llegaba aburrido de su trabajo, como le ocurría últimamente con frecuencia. Eb Nitandol era analista de parejas. Su labor en Midelcom consistía en agrupar, catalogar y comparar compatibilidades de todos los nuevos "separechos" que diariamente pasaban a engrosar las listas de desparejados en Nueva Europa. Posteriormente les eran enviadas notificaciones a los afectados comunicándoles sus nuevas asignaciones. Estas eran de obligado cumplimiento en el plazo de una semana, y la negativa a cumplir con sus deberes de ciudadanos estaba penada con la reclusión en uno de los numerosos centros de recalibración sentimental que se encontraban distribuidos por todas las ciudades del continente. Sabía que su trabajo era importante, que de sus decisiones dependía que las nuevas relaciones tuviesen o no un alto porcentaje de éxito que garantizase la estabilidad emocional de Nueva Europa y, por extensión, del mundo. Aún así volvía a casa todos los días con una gran sensación de inutilidad; los casos de fracaso habían estado subiendo los dos últimos años hasta alcanzar el 23%, y los centros de recalibración estaban llenos.

Saludó cortés a Sanbia, su pareja desde hacía tres años, y se dirigió a la cocina a programar una cena frugal, como era su costumbre. Una vez preparada la llevó hasta su habitáculo íntimo y conectó el Nexo de Memoria. Lo tenía desde hacía dos años, y no lo había usado demasiado en ese tiempo, pero las últimas semanas habían sido agotadoras y había implantado memorias nuevas al menos en cinco ocasiones. Por suerte era un tipo equilibrado y no hacía un uso excesivo del aparatao. Conocía personalmente un par de casos que habían acabado en esquizofrenia debido a un uso excesivo. Al final, si no se era prudente, uno acababa por tener tanta memoria falsa en su cabeza que los no-recuerdos se confundían en la mente del sujeto y se terminaban fabricando no-recuerdos propios sin control. 

Discó un par de anécdotas simpáticas en el trabajo y un recibimiento cálido al llegar a casa. Se arrellanó en su sillón preferido y se preparó para la descarga de datos.

De pronto la máquina emitió un leve pitido y se colocó en espera. Extrañado Eb se incorporó y comprobó las conexiones. Nunca antes había fallado su Nexmem, pero sabía que era posible; al fin y al cabo sólo era una máquina. De pronto se abrió un pequeño orificio en la parte superior del aparato y un holograma se proyectó en la estancia. Sobresaltado leyó las letras que flotaban frente a él, sin poder dar crédito a lo que leía. Sabía que estaba al día de los pagos; era moderado en el uso y su mujer tenía el suyo propio. Sin embargo el comunicado era claro: tenía un descubierto de 8.000 créditos. El Nexmem no podría conectarse de nuevo hasta que no cubriese la deuda y se le emplazaba al día siguiente en Memorcom para tratar el asunto. Con un sudor frío desconectó el aparato y se quedó mirando la oscuridad. Las notificaciones de requerimiento de presencia no podían pasarse por alto. Y no tenía 8.000 créditos.

 

martes, 1 de marzo de 2011

La puerta

Durante toda la mañana había estado dando tumbos de aquí para allá, posponiendo lo inevitable, dudando en lo deseado y soñando con lo pasado. Durante el día se había estado preparando para resolver el problema de una vez por todas. Por la tarde, algo cansado, había pasado un rato imaginando cómo iba a ser abrir aquella maldita puerta y salir de aquella habitación, librarse de la penumbra que lo rodeaba y que a aquellas alturas le parecía eterna. Al fin, tras dar interminables vueltas, decidió que lo mejor era dejarse de tonterías y cargar contra los maderos con todas sus fuerzas y hacerlos añicos. 

Miró la oscuridad que lo rodeaba por última vez mientras tomaba distancia para disponer de impulso suficiente. Se lanzó hacia adelante y cargó con todas sus fuerzas. El impacto con los tablones hizo que saliese despedido hacia atrás, aturdido y sorprendido a partes iguales. Sabía el cielo que no creía que aquella puerta fuese tan resistente. Intentó levantarse y resbaló de nuevo golpeándose el brazo al caer. Las manos le temblaban. Las miró y vió las huellas del tiempo marcando sus dedos. Aquello era muy extraño y no terminaba de comprenderlo. La última vez que las había mirado, aquella mañana, mientras sopesaba los pros y los contras de las medidas a tomar para derribar aquella maldita puerta , la piel era tersa, los músculos fuertes. 

Se levantó a duras penas y se miró en el espejo. El horror de la verdad lo golpeó y lo llenó por completo, y comprendió que era demasiado tarde. Nunca conseguiría ya salir de aquel lugar. Había dejado pasar demasiado tiempo.