Cita


"Y vosotros, antaño mis amigos, alzáis ahora el puñal contra mí y os postráis como perros ante amos que sólo desean que lamáis sus botas salpicadas de vergüenza, traición y sangre vertida de vuestros hermanos y hermanas. Ofrecéis en holocausto a los vuestros, y a mí, que os di de comer, me desgarráis las carnes y las devoráis con saña, dejando sólo los huesos blanqueados al sol de vuestra ignominia para que la parca las reclame. A vosotros os maldigo, y quieran los hados que sufráis injusticia igual en vuestras casas y que la bilis de vuestra cobardía se derrame sobre los cadáveres de vuestras familias."
De las Memorias de Yasid l´Vasara I. Crónicas del Interregno, Tomo 219. 9033 A.D.


domingo, 8 de abril de 2018

El regalo


No temáis que se extinga el incesante rugir de millones,
pues el llanto llenará el aplastante vacío del silencio.

Antigua visión T´lek.


Los T´lek somos una especie antigua. Durante millones de doblegiros medramos en nuestro mundo natal, orbitando el gigante gaseoso que nos ha dado siempre el calor que nuestras lejanas y apagadas binarias nos negaban. Elevándonos sobre el cieno primordial y ascendiendo en la cadena evolutiva.

En ocasiones estuvimos al borde de la extinción por nuestra propia causa, pero vencimos a las luchas y la autodestrucción, y nos volvimos más sabios, como cuando dominamos las "Disputas de los Úteros", acabando con la esclavitud de las castas y con el estigma de las no-líneas de los gestadores.

Una vez en paz nuestro mundo, nos lanzamos a la conquista de otros. Exploramos e intentamos colonizar el resto de cuerpos celestes de nuestro sistema. Pero nuestro genoma es mutable en extremo y las condiciones de otros lugares provocaban cambios sustanciales en los que los habitaron, destruyendo entre atroces sufrimientos a los que osaron alzarse hacia el exterior.

Intentamos entonces modificarnos a nosotros mismos en un intento de hacernos resistentes a los cambios, y con ello llegó el desastre del "Proyecto Eugenésico de Colonización": los colonos modificados se volvían terriblemente agresivos, llevándonos de nuevo a luchas que casi acaban con nosotros.

Terminadas las "Guerras de los Mundos Exteriores" el Grupo de las Trece decidió entonces que nos quedaríamos en nuestro mundo y sólo plasmavidas sin esencia explotarían las riquezas del sistema para el sustento de nuestro hogar.

Y así florecimos durante miles de doblegiros, seguros en nuestra luna, dedicados a la ciencia, la acumulación de conocimientos y la contemplación del universo.

Hasta que llegó la Bestia.

En el decimoquinto reinado del Jerarca L´ndrab apareció flotando en el espacio. Las leyendas hablaban de criaturas que podían sobrevivir en el vacío, errando solitarias con las corrientes solares. Aunque nadie había visto nunca ninguna, la visión de una criatura del tamaño de medio mundo hizo que surgieran en nosotros los miedos ancestrales que todo ser viviente oculta en el seno de su herencia genética.

Al haber abandonado hacía mucho nuestros intentos de expansión más allá de nuestro mundo, nos veíamos abocados ahora a contemplar impotentes cómo aquella monstruosidad se acercaba directa hacia nosotros, pues ya no poseíamos externoviales con los que intentar huir o interceptar a la criatura. Y sabíamos que aunque hubiésemos dispuesto de ellos, armados con todas las armas que pudiésemos recuperar o reinventar, poco habríamos podido hacer para defender nuestro hogar.

En un desesperado intento se convocaron a todos los plasmavidas disponibles, lanzándolos contra el titán con la esperanza de que quizá lo molestasen lo suficiente como para que cambiara su rumbo. Necios insignificantes; así contemplamos como nuestra única y última línea de defensa caía sin causar ningún efecto.

Muchos de los nuestros cayeron entonces en la infinitud de la no-vida. Otros clamaron a los antiguos Creadores en busca de clemencia. Los más desviados intentaron poner en marcha antiguos externoviales en los museos, fracasando en su intento.

Cuando todo se creía ya perdido, con la mole extendiendo sus gigantescas fauces para envolvernos, ocurrió lo impensable. La Bestia se había colocado en giro alrededor de nuestro gigante gaseoso, por delante del de nuestro mundo, con la enorme vela de su parte delantera extendida en dirección a una de nuestras estrellas. De uno de sus extremos alargó inmensurables zarcillos en dirección a las capas más altas del mundo gaseoso...y comenzó a alimentarse.

La criatura absorbía material gaseoso del mundo-madre y usaba la energía y las partículas de las corrientes solares capturadas con su boca-vela para catalizar reacciones que la sustentaban, emitiendo unas partículas de desecho que conformaban una gran nebulosa que atravesaba nuestro mundo en su giro.

Se estudió la gran nube y se determinó que su composición, si bien desconocida, no perjudicaba en nada a los T´lek ni al resto de seres vivos. Hasta que un día comenzamos a oírnos los unos a los otros sin necesidad de sonidos ni gestos. Las mentes de los más cercanos se fundían unas con otras; y el efecto se extendía y amplificaba con cada doblegiro.

El fenómeno se recibió como un regalo. Ya no eran necesarias máquinas liga-datos; la mente colmena de todos los T´lek era la mejor liga-datos. Los anales físicos eran superfluos; la mente colmena contenía todo el saber y los recuerdos de la especie. Los nacidos ya no emitían sonidos al venir al mundo; las mentes de sus gestadores, semilleros y crianovas los arrullaban desde antes de dejar las bolsas excretoras, y la sabiduría y el conocimiento acudían a ellos de forma natural. Así vine al mundo yo.

Durante cientos de generaciones los T´lek aprendimos lo que era ser Uno. Las liga-datos quedaron abandonadas y los anales se disolvieron en el polvo que arrastra el tiempo.

Hasta que un día amanecimos sin la Bestia.

Nunca hemos sabido qué fue de ella. Simplemente desapareció. Quizá cargada de energía para continuar su viaje hacia otras estrellas.

Al principio no se notaron los efectos de su partida, pero lenta e inexorablemente, a la vez que la nube con la que nos envolvió se disipaba en el espacio, su regalo comenzó a desaparecer. Y éramos incapaces de duplicar su efecto.

Muchos enloquecieron al principio. Otros se decidieron por la no-vida. Y otros nos quedamos, errando por un mundo en silencio, incapaces de comunicarnos los unos con los otros, pues ya no éramos capaces de emitir sonidos, ni sabíamos cómo tallar anales. Y los nacidos morían al poco con sus mentes extraviadas.

Nos extinguíamos debido a nuestra arrogante actitud frente a un regalo que creímos eterno.

Hasta que un día naciste tú, J´dim. Y como tú otros. Y gracias a vosotros aprendimos de nuevo lo que nunca debimos olvidar, y el pueblo T´lek recuperó su futuro.


Aquel día no moriste, ni enloqueciste en la soledad. Tu gesticulador se abrió y, como antaño, el llanto llenó el aplastante vacío del silencio que nos rodeaba.





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