Los hay que defienden que la cultura y la ciencia son amorales, que no deben plegarse a conceptos vigentes según la sociedad con la que convivan, que son libres y que sólo tienen responsabilidad consigo mismas...y que son imparables. Creo que es cierto: son imparables, libres y no deben lealtad a gobiernos o moralidades, si bien con matices; en los últimos días he leído un artículo donde se descubre que la pérdida de sabor de los tomates se debe a la manipulación de un gen que se hizo para dotarlos de un color uniforme... La ciencia siempre va por delante, pero debemos ser conscientes del peligro y la responsabilidad de modificar las reglas naturales que gobiernan lo que somos. La cultura, no obstante, sí que es totalmente libre, imparable y, hasta donde la subjetividad de ser humano lo permite, ajena a moralidad, tradición y política.
Todo esto viene al caso por el más que posible apoyo del Tribunal Constitucional a la ley de matrimonio homosexual y las voces en contra que, desde el 2005, se levantaron por parte de nuestra querida "pandilla" de actuales gobernantes.
Todos sabemos que cualquier gobernante hace cosas que van más allá de sus atribuciones...o lo que deberían ser sus atribuciones...marcan moralidad y establecen pautas de conducta sin objetividad, sin tener en cuenta las necesidades reales de las personas, basándose en sus creencias personales y "obligando" al resto a plegarse a las mismas. De hecho se especula con que el Gobierno podría derogar la ley aunque el Tribunal Constitucional la apoyase, como se va a hacer con la ley del aborto volviendo a la Edad de Piedra...bueno, a como estaba hasta el 2010...prepotencia ante todo, que "pa´eso hemos ganao"...
Y no entro ni pienso entrar en si esta ley o aquella es mejor, peor, mejorable, perfecta...para eso ya cobran otros.
Y esto vale para cualquier signo político, que en todos sitios cuecen habas.
El PP ha esgrimido razones lingüísticas para oponerse al matrimonio homosexual, no vaya a ser que si exponen claramente por qué se oponen se les vea demasiado el plumero, que de todas formas es visible a varios años luz de distancia...y ahí han topado con la cultura, que, aunque conformada por seres humanos y falible, no obedece a signos e intenta, dentro de sus posibilidades, adecuarse a las necesidades de la sociedad y responder a la REALIDAD de lo que ocurre a su alrededor. No voy a entrar en sus equivocaciones (léase las relativamente recientes meteduras de pata en las biografías de ciertos personajes históricos...), pues ya he dicho que la cultura la forman aportaciones de seres humanos, que somos falibles... Pero la mayoría de las veces dan en el clavo, y se adaptan, o al menos lo intentan, a los requerimientos y necesidades de la realidad y no de los que nos gustaría que fuera la realidad, como sí hacen los políticos, manipulando y retorciéndola para adecuarla a sus intereses.
La RAE ha dado un ejemplo de lo que los políticos deberían hacer. Desde ahora una nueva acepción de "matrimonio" según la Real Academia es: " En determinadas legislaciones, unión de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses".
Y esa es la realidad, que quizá ahora, y aunque siempre lo ha sido, es más "real" que nunca. Los políticos, como siempre, harán caso omiso a la realidad del ser humano. Pero, sea como sea, ahí queda eso.
Y es que la realidad, como la cultura y la ciencia, es imparable.

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