sobre la hojarasca fresca
te me ofreces
de pasión teñida
en un momento de arrojo
con el sol por testigo,
y su enojo,
ante aquello que destila
belleza y fulgor
que con él rivaliza.
Muda de asombro
recorre mi vista
tan hermoso regalo
que otorgarme quisieron
los hados
a mi espalda susurrando
"en un momento fugaz,
en la vida una estela,
pues como viene se va
la dulce primavera".
Ajeno a los sonidos
me inclino y saboreo
savia, romero, miel
de tus labios el aroma
embriagado del latido
de tu piel que rodeo
con mi cuerpo que te arropa.
Y estallan las hojas
de rocío bajo ti
bajo mareas que enormes
cuando te mueves provocas,
de vello erizado,
si con tu boca me tocas
de suave carmesí.
Y con placer me doblego
ante tus encantos
que de sirena los cantos
son tantos que inútil resulta
oponerse a tu mirar,
a tu risa de cristal,
resonando sobre el trino
que con desatino los pájaros
intentan imitar.
Y te entrego sin pesar
todo lo que tengo,
un pasado sin sentido
lo que mañana aparezca,
sin pensar siquiera
por un momento rechazar
ese regalo inmortal,
tu cuerpo encendido,
sobre la caída hojarasca fresca
de primavera vestido.

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