NOTIFICACIÓN
Eb Nitandol se dirigió tranquilamente hacia su casa como hacía todos los días al término de su jornada en Midelcom Love. Llegaba aburrido de su trabajo, como le ocurría últimamente con frecuencia. Eb Nitandol era analista de parejas. Su labor en Midelcom consistía en agrupar, catalogar y comparar compatibilidades de todos los nuevos "separechos" que diariamente pasaban a engrosar las listas de desparejados en Nueva Europa. Posteriormente les eran enviadas notificaciones a los afectados comunicándoles sus nuevas asignaciones. Estas eran de obligado cumplimiento en el plazo de una semana, y la negativa a cumplir con sus deberes de ciudadanos estaba penada con la reclusión en uno de los numerosos centros de recalibración sentimental que se encontraban distribuidos por todas las ciudades del continente. Sabía que su trabajo era importante, que de sus decisiones dependía que las nuevas relaciones tuviesen o no un alto porcentaje de éxito que garantizase la estabilidad emocional de Nueva Europa y, por extensión, del mundo. Aún así volvía a casa todos los días con una gran sensación de inutilidad; los casos de fracaso habían estado subiendo los dos últimos años hasta alcanzar el 23%, y los centros de recalibración estaban llenos.
Saludó cortés a Sanbia, su pareja desde hacía tres años, y se dirigió a la cocina a programar una cena frugal, como era su costumbre. Una vez preparada la llevó hasta su habitáculo íntimo y conectó el Nexo de Memoria. Lo tenía desde hacía dos años, y no lo había usado demasiado en ese tiempo, pero las últimas semanas habían sido agotadoras y había implantado memorias nuevas al menos en cinco ocasiones. Por suerte era un tipo equilibrado y no hacía un uso excesivo del aparatao. Conocía personalmente un par de casos que habían acabado en esquizofrenia debido a un uso excesivo. Al final, si no se era prudente, uno acababa por tener tanta memoria falsa en su cabeza que los no-recuerdos se confundían en la mente del sujeto y se terminaban fabricando no-recuerdos propios sin control.
Discó un par de anécdotas simpáticas en el trabajo y un recibimiento cálido al llegar a casa. Se arrellanó en su sillón preferido y se preparó para la descarga de datos.
De pronto la máquina emitió un leve pitido y se colocó en espera. Extrañado Eb se incorporó y comprobó las conexiones. Nunca antes había fallado su Nexmem, pero sabía que era posible; al fin y al cabo sólo era una máquina. De pronto se abrió un pequeño orificio en la parte superior del aparato y un holograma se proyectó en la estancia. Sobresaltado leyó las letras que flotaban frente a él, sin poder dar crédito a lo que leía. Sabía que estaba al día de los pagos; era moderado en el uso y su mujer tenía el suyo propio. Sin embargo el comunicado era claro: tenía un descubierto de 8.000 créditos. El Nexmem no podría conectarse de nuevo hasta que no cubriese la deuda y se le emplazaba al día siguiente en Memorcom para tratar el asunto. Con un sudor frío desconectó el aparato y se quedó mirando la oscuridad. Las notificaciones de requerimiento de presencia no podían pasarse por alto. Y no tenía 8.000 créditos.
No me gusta nada que me dejen a medias... ¡en ningún ámbito!
ResponderEliminarJajajaj!!! Tranquila, en breve la continuación. Total, ya tengo la historia montada en la cabeza, hasta el final. Pero hay que pulirlo un pelo. ¿Pero te está gustando gustado?
ResponderEliminar