De sombras y cienola espina en mi corazón
serpentea y envenena.
Se clava profundo
con uñas y dientes
de mentiras y engaños,
arrancarla una deliciosa agonía
si supiese cómo es.
Se aferra a un pecho
de roca construido
que encierra más que proteje
el corazón sangrante
agrietado de penas
de luchas fratricidas
contra mi mismo.
Se arraiga y crece
junto con mi pavor
al ver su fuerza,
el resultado de su esfuerzo.
Tanteo, busco
no consigo aferrarla
escondida en sombras.
Aparece una luz
inesperada
y veo la espina frente a mí
mi reflejo
consumido y corrupto.
Se ríe y me dice: mírate
¿te arrancarás a ti mismo?
¿Quién eres? susurro.
Tomaste mis manos, responde,
y sin preguntar iniciaste el camino
que te llevó a lo que ves.
¿Eres yo? pregunto incrédulo.
Eres lo que has construido
una isla solitaria,
una sima oscura
que se traga lo que eras.
¿No es lo que querías?
irrompible, intocable
piedras, espinas, colmillos te llenan
¿por qué te lamentas?
El pánico me invade y grito
¡No puedo ser tú!
¡Te niego!
Pero la sombra me retiene
encadenado a mi mismo
y se regodea en mi lucha
¡Es inútil! me dice
no puedes ganar,
formo parte de ti.
Pero lucho
arranco raices
mastico piedra
sangran mis uñas
y me río lleno de gozo.
El terror asoma en sus ojos
desprovistos de vida
sólo roca, huesos y humo
de promesas vanas.
Te resistes, le digo,
irrompible muro,
pero sigo hincando mi vida
en sus miembros tumefactos
y los arranco
y los arrojo lejos,
mientras una luz inesperada
ilumina la escena.